JOSUEL DOS SANTOS BOAVENTURA

EL LENGUAJE SIMBÓLICO DE LA CULTURA COMO “LUGAR TEOLÓGICO”


* Indication of books about this matter for personal deepening:

. BIBLIA SAGRADA

. BOFF, C. Teoria do método teológico. 3. ed. São Paulo: Vozes, 1999.

. CNBB. Nova Evangelização, promoção humana e cultura cristã. Petrópolis: Vozes, 1993. (Santo Domingo – SD)

. IMBAMBA, José Manuel. Uma nova cultura para mulheres e homens novos. Luanda: Paulinas, 2003.

. QUEIRUGA, A. T. O diálogo das religiões. São Paulo: Paulus, 1997, p. 16.

. SUSIN, L. C. Os salmos na vida cristã. Porto Alegre: ESTEF São Lourenço de Brindes, 1976.

. ZILLES, U. Significação dos símbolos cristãos. 6. ed. Porto Alegre: EDIPUCRS, 2006.


Como habíamos dicho, el ser humano en su hacer cultural es creativo, mas también conscientes de que hay una fuerza omnipotente que lo hace ser así, y al mismo tiempo, lo supera. Esta fuerza es el mismo Dios haciéndose presente en la acción humana, volviendo la cultura un “lugar teológico”, o sea, Dios se manifiesta en y a través de la cultura. Pero Dios tiene su propio lenguaje que poco a poco puede ser asimilado por el ser humano, en la medida en que éste se deja conducir por la inspiración divina, volviéndose instrumento del querer y actuar de Dios. El lenguaje de Dios pasa por los elementos de la cultura. Por lo tanto, intentemos entender cómo se da este proceso a través de un breve estudio del lenguaje simbólico de la cultura, como “lugar teológico”.

           El lenguaje, en tanto instrumento esencial para la comunicación, es un medio importante que atraviesa la cultura de cada pueblo (Cf. IMBAMBA, José Manuel Op. cit., p 138). El documento de Santo Domingo considera “la comunicación ente las personas como un admirable elemento generador de cultura” (SD 23). En tanto ser cultural, el ser humano se sirve del lenguaje para manifestar su forma de ser y de pensar. Ella envuelve todo su ser y, al mismo tiempo, refleja la visión del mundo de un determinado pueblo.

           Según el teólogo U. Zilles, “el lenguaje está ligado a la experiencia. La experiencia se da en un lugar y en un tiempo, envuelve personas, gestos, actitudes y objetos. ¿Cómo voy a explicar sobre el sabor de la naranja a alguien que nunca sintió el gusto de la naranja?" Decimos, por lo tanto, que el ser humano es un ser de lenguaje por las circunstancias, ya que: habla, comunica y exterioriza lo que piensa y lo que experimenta. El autor J.M Imbamba, citando a J. B. Mondin, expresa así:

"El lenguaje denota la función, la capacidad de que el ser humano es naturalmente dotado (…) de expresarse y comunicar con los semejantes por medio de la palabra. Se trata de una capacidad innata que conviene, de la misma manera, a todos los seres humanos, independientemente de la nación y de la cultura a la que pertenecen" (MONDIN, Juan Bautista. Apud IMBAMBA, José Manuel Op. cit, p 40).

         El lenguaje, siendo fruto de una época y de experiencias, es algo que surge según el camino y la madurez de los grupos humanos. Valoramos nuestras experiencias cuando buscamos transformarlas en algún lenguaje. Este es un aspecto fundamental para que estas experiencias no se pierdan en el tiempo. Se trata de una manera de rescatar la memoria para no perder la identidad. Sobre esto afirma también el autor L. C. Susin:

"El lenguaje es la corporeidad específica del ser humano. Es nuestra casa. “el lenguaje es el hogar del ser humano” (Heidegger), hogar que lo alimenta y vuelve fecundo (…) Si nuestras experiencias más íntimas no se transforman en algún lenguaje, están condenadas a perderse y desaparecer. El que no se exterioriza, no existe. Por el lenguaje nos comunicamos, comulgamos, amamos" (SUSIN, L. C. Op. cit, p 14s).

             El ser humano está hecho en el lenguaje y hace lenguaje. Cuando se dice, por ejemplo: “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4), tenemos la palabra como un instrumento concreto del lenguaje que tiene mucho que ver con lo íntimo: de parte de Dios, esta es su sabiduría, traduciendo lo que viene de su mente y de su corazón; es expresión de su ternura y su cuidado y tiene una finalidad concreta (esta no debe volver a él vacía). Por parte del ser humano, traduce lo que pasa por dentro de él en relación con sus sentimientos, necesidades, intenciones, etc. La palabra expresa también las diversas realidades en las cuales el ser humano está envuelto, siendo referencia para que Dios, encaminándose en estas mismas realidades comunique su vida, invitando a todos a su intimidad. (cf. Ibid., p 15).

          Dios usó el lenguaje de amor al crear al ser humano y de una manera superior, al asumir la condición humana llenándola de sentido. Hablamos de una migración divina. Así él se revela en la historia y en la cultura de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Aún a través de los gestos limitados y de las palabras humanas – que son muchas veces vacías de sentido – se puede descubrir la fuerza y la grandeza divinas. Dios viene al ser humano para hacerlo más humano. El lenguaje usado por Dios es una invitación a salir de sí, pues el ser humano no se vuelve más humano si permanece centrado en sí mismo.

          Como se puede percibir, haciendo referencia al misterio de Dios, entendemos mejor al ser humano, y “hablar de Dios, de su misterio, requiere de un lenguaje más subjetivo que argumentativo, más abierto que cerrado. El lenguaje metafórico es, además, el lenguaje preferido por la Biblia” (BOFF, C Op. cit., p 61). Este es un ejemplo concreto de que el lenguaje de Dios se expresa por lenguaje humano y no hay oposición entre ellos. En este sentido, es admirable la sensibilidad de los místicos que hacen uso de un lenguaje repleto, “saturado” de experiencias inmediatas, a través de símbolos, predicativos, narrativas poéticas, diseños (mandalas) (cf.  SUSIN, L. C. Op. cit., p 12).

         En su dimensión cultural, el lenguaje usa los símbolos como vehículos, ya que son un fenómeno humano (cf. ZILLES, Urbano Op. Cit, p 11). Recordamos que los símbolos son parte de la riqueza del interior del ser humano, que es comunicada como expresión y producción cultural. Los símbolos, al mismo tiempo que expresan una identidad, una gran pasión, es el mediador en la relación Dios/ser humano. En este sentido, vemos en Jesucristo el símbolo por excelencia por ser el punto concreto de encuentro entre Dios y la humanidad. Él es el verdadero templo, el “lugar teológico por excelencia”. En su persona el ser humano tiene garantía de encontrarse con Dios, pues su pasión fue revelar la humanidad. Volviéndose el punto referencial de la historia humana (Antes de Cristo y después de Cristo), todo es visto a partir de él y a través de un lenguaje simbólico los fieles cristianos alientan su fe y se unen a Cristo (cf.  ZILLES, Urbano op. Cit, p 14).

          Cada cultura a través de sus experiencias religiosas expresan un lenguaje propio en su relación con Dios. El lenguaje de Dios en Jesucristo, lejos de eliminar los otros lenguajes, nos permite considerar, con respeto el rico lenguaje simbólico del budismo o de la tradición hinduista, admirar la grandeza de Zaratustra y también, en tantos aspectos, el islamismo. Las demás expresiones religiosas expresan las diferentes formas de respuestas humanas, en el contexto de las diferentes culturas o formas de vida humana, la misma realidad divina (cf. QUEIRUGA, A. T. Op. cit., p 16s) que fue revelada por Jesucristo como Padre que sabe muy bien lo que pasa con sus hijos e hijas. La experiencia de lo Sagrado, para un pueblo, va a depender mucho de su realidad histórica, sociológica, en fin, de su cosmovisión. Será más intensa cuanto mayores sean sus búsquedas: será mejor vivido el sentido de la Revelación, si, por detrás del elemento natural y de la abundancia de dones, logran descubrir el Ser que los concede y los hace suceder ininterrumpidamente.


Titulo original: A LINGUAGEM SIMBOLICA DA CULTURA COMO “LUGAR TEOLÓGICO” (ndega.blogspot.com)

Autor: Josuel dos Santos Boaventura PSDP

Theological review: Dr Fr. Luiz Carlos Susin

Traducción: Nómade de Dios. 

JOSUEL DOS SANTOS BOAVENTURA
  • JOSUEL DOS SANTOS BOAVENTURA Ministro de Culto Religioso
  • Sou um sacerdote catolico, membro do Instituto Pobres Servos da Divina Providencia. Minha área de pesquisa é Teologia e cultura

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