JOSUEL DOS SANTOS BOAVENTURA

CARACTERÍSTICAS DE LAS CULTURAS RELIGIOSAS AFRICANAS TRANSPORTADAS PARA BRASIL


* Indication of biography about this matter for personal deepening:

. BASTIDE, Roger. As religiões africanas no Brasil. 3. ed., São Paulo: Biblioteca Pioneira de Ciências Sociais, 1989.

. BERKENBROCK, Volney. J. A experiência dos Orixás: um estudo sobre a experiência religiosa no candomblé. Petrópolis: Vozes, 1997.

. CHIAVENATO, Júlio J. 13 de maio, outra mentira. Sem Fronteiras, São Paulo, n. 159, p. 20-23, maio de 1988.

. CINTRA, Raimundo. Candomblé e Umbanda: o desafio brasileiro. São Paulo: Paulinas, 1985.

. CELAM. Texto conclusivo da V Conferência do Episcopado Latino-americano e caribenho (DAp.). São Paulo: Paulinas, 2008.

. FREITAS, Décio. O escravismo brasileiro. 2. ed., Porto Alegre: Mercado Aberto, 1982.

. GARAEIS, Vitor Hugo. A história da escravidão negra no Brasil. Disponivel em http://sorvitorhugo.blogspot.it/2012/07/historia-da-escravidao-negra-no-brasil.html Acesso em 11 de junho de 2017.

. MATTOS, Regiane Augusto de. História e cultura afro-brasileira. São Paulo: Contexto, 2011.

. MATTOSO, Kátia de Queirós. Ser escravo no Brasil. São Paulo: Brasiliense, 3. ed., 1990.

. REHBEIN, Franciska C. Candomblé e salvação. São Paulo: Loyola, 1985.

. TOLEDO, Roberto Pompeu de. À sombra da escravidão. in. Veja, ano 29, n. 20, 15 de maio de 1996.


Las culturas afrobrasileñas descienden de pueblos esencialmente religiosos y que encuentran en el ejercicio de esta dimensión el sentido para su existencia. En un primer momento, queremos lanzar una mirada sobre sus características a partir de su experiencia en África y, en seguida, nos detendremos un poco en la forma dramática en que se dio la transposición de toda esta riqueza de valores para Brasil.

El campo de alcance de nuestra investigación se refiere al África subsariana, dividida en tres grandes áreas: Occidental, Centro–Occidental y Oriental (cf. MATTOS, R. A. de Op. cit., p. 15). En estas áreas, reinos poderosos practicaban actividades de minería, agricultura, comercio y esclavitud. Los esclavos – como es el caso del reino haússa (Nigeria) – trabajaban como criados, artesanos, soldados, cargadores, funcionarios públicos y agricultores (cf. Ibid, p. 35). Algunos – como en el caso de los esclavos songai – poseían encargos de confianza, eran eunucos y formaban parte de las grandes caballerías (cf. Ibid. p. 25). La mayoría de estos pueblos “practicaba la esclavitud doméstica para aumentar el número de miembros de la familia o del linaje” (Ibid., p. 57). Esta situación de esclavitud siempre caracterizó la vida de esos reinos, pero no se compara a la que hubo en América Latina, a partir del siglo XVI.

Se merece destacar también la figura del rey, que, entre los pueblos yoruba, “tenía un poder sagrado, originario de los Orixás, a los cuales se uniría después de muerto” (MATTOS, R. A. de. Op. cit., p. 45). Ya entre los charanga, pueblos de origen bantú, los reyes eran conocidos como monomotapa, considerado un rey divino, por tener poder de comunicarse con Dios a través de médiums (cf. Ibid., p. 49). Esta forma de ver al gobernante es derivada de su experiencia religiosa. El sistema de gobierno ejerce influencia en la formación de un sistema religioso de mediación: el rey con sus ministros intermediarios y sus súbditos. Así, tenemos al Ser Supremo con muchos espíritus ancestrales y los seres humanos (cf. REHBEIN, F. C. Op. cit., p. 30). Otro aspecto que parece común en estas sociedades es la existencia del Consejo y la escucha a los ancianos, según la autora R. A. de Mattos: “(…) todas las sociedades africanas se organizaban alrededor de las linajes y de los consejos de ancianos, en los cuales se daba gran importancia a los hombres más viejos de la comunidad y a los ancestrales muertos” (MATTOS, R. A. de. Op. cit., p. 57).

Varias sociedades africanas profesaban apenas las religiones tradicionales, mientras otras, debido a los intercambios comerciales, fueron influenciadas también por el islamismo (MATTOS, R. A. de. Op. Cit., p.57). Es bueno tener en cuenta que la presencia del islamismo en muchas culturas africanas, no impidió que las religiones tradicionales mantuviesen su funcionamiento. Hay situaciones en que los reyes y la nobleza adherían al islamismo, pero la mayor parte de la población permaneció adepta de las religiones tradicionales, ofreciendo sacrificios a los ancestrales y participando de rituales para obtener fertilidad y lluvias. En estos casos, los reyes cultivaban la dupla pertenencia, pues, para no perder el poder también practicaban los rituales tradicionales (cf. MATTOS, R. A. de op. Cit., p. 32).

Hay otros casos en que cierta cultura consiguió resistir en el inicio, pero por fuerza mayor, tuvo que adherir, como fue el caso del reino de los songai, que “se preservaron fieles a sus tradiciones religiosas hasta el final del siglo XV, cuando militares y clérigos musulmanes dominaron el poder” (Ibid., p. 24), obligando a toda la población a seguir el islamismo. Hay, por lo tanto, registro de conflictos entre los haússa, pues sus gobernantes adherían al islám, mientras que los súbditos continuaban fieles a las creencias tradicionales (Cf. Ibid., p. 35).

Había cierta rivalidad entre estos pueblos, motivada, entre otras causas, por la necesidad de ampliación de territorios. Esta es una de las causas de la existencia de esclavos, pues “los pueblos subyugados pasaban a ser tributarios y sometidos a la esclavitud” (Ibid., p. 65). Los colonizadores europeos, al llegar a tierras africanas, ya tenían el conocimiento de esta situación y contribuían para aumentar las rivalidades: alimentaron las guerras tribales y, sobre todo, abalaron fuertemente esos conjuntos sociales y culturales, haciendo desaparecer ciertas tradiciones, como fue el caso de la “familia ampliada”, también llamada “alargada”. Los portugueses iniciaron sus transacciones comerciales en los golfos de Benin y de Biafra, desde la segunda mitad del siglo XV. Generalmente compraban esclavos que ya venían del cambio por oro en la Costa de la Mina y que eran, en general, prisioneros de guerra o criminales (Cf. MATTOS, R. A. de. Op. Cit., p. 74).

El tráfico que tuvo inicio en el siglo XVI, llegó a su fin solamente en el siglo IX (1815), cuando fue prohibido por el Congreso de Viena, aunque Portugal hubiese firmado un acuerdo con Inglaterra, todavía en 1810, comprometiéndose a extinguir el comercio de esclavos en África (cf. Ibid., p. 95). Antes de embarcar en los navíos tumberos, los africanos y africanas recibieron el bautismo y eran marcados a hierro caliente con las iniciales o símbolos de los propietarios (cf. MATTOS, R. A. de. Op. cit., p. 100s). No se sabe con certeza, cuantos fueron embarcados para Brasil, pero se tiene la estimativa de más de cuatro millones de personas, lo que corresponde a 40% del total de las Américas. P. Calmon habla de 6 millones, mientras que A. de Taunay reduce a 3 millones seiscientos mil ( cf. BASTIDE, R. op. Cit., p 50 s). Ya P. Calógeras, citado por R. Cintra, evalúa en más de 15 millones, basándose en cálculos sobre la capacidad de navíos y de los viajes marítimos (CALÓGERAS, P. apud CINTRA, R. Op. Cit., p. 24). No hay consenso, en verdad, lo que se sabe es que no todos llegaban vivos. Sobre la clasificación de estos pueblos, R. Cintra acostumbra a dividir en tres grandes grupos, correspondiendo a los diversos ciclos del tráfico esclavista:

“1) Culturas sudanesas, representadas principalmente por los pueblos Iorubás de Nigeria (Nagó, Ijêcha, Egbá, Ketu, Ibadan, Ijebú) y del Daomé (grupo Gêge o Ewe, Fon o Efan) por el grupo Mina, de la costa de Oro (Fanti, Ashanti), por los grupos menores de Gâmbia, de Sierra Leona, de Liberia, de Costa de Malagueta, de Costa de Marfil (Krumano, Agni, Zema, Teminí, Gós, Tehis, etc); 2) Culturas Guineano- sudaneses islamizados, representados en primer lugar por los Peuhl (Fulah, Fula), después por los Mandinga (Solinke, Bombara), por los Haussá del Norte de Nigeria y por grupos menores, como los Tapa, Bornu, Gurunsi, Kanuris y otros; 3) Cultura bantos, constituidas por numerosas tribus del Congo, de Angola y de Contra-Costa ( Cabindas, Benguelas, Macuas, Angicos, Cazanges, Rebolos, Muxicongos)” (CINTRA. Raimundo. Op. Cit., p. 32).

A estas alturas, los portugueses, sin darse cuenta, estaban introduciendo en esta tierra, personas y tradiciones muy diferentes unas de las otras, de religiosidad bien diversificada, personas que al reencontrarse podrían haberse destruido mutuamente por causa de la rivalidad existente entre ellas (cf. BASTIDE, R. Op. Cit., p. 68). Pero eso no sucedió, pues, delante de la destrucción causada en sus tierras y en sus vidas, restaba sumar fuerzas y sobrevivir en la nueva situación, buscando rescatar los valores de sus tradiciones.

En verdad, el proyecto colonizador de impedir la comunicación entre las familias africanas no alcanzó el éxito esperados, pues, así como el tráfico no cesaba, no cesaba tampoco la continua renovación de las “fuentes de vida”, estableciendo un contacto permanente entre los antiguos esclavos o sus hijos y los recién llegados, abriendo nuevos horizontes, reencendiendo esperanzas. Se juntaba el grupo, con frecuencia sacerdotes, adivinos, médicos-curanderos, haciendo que haya durante todo el período esclavista un rejuvenecimiento de los valores religiosos (cf. Ibid., p. 69).

Los africanos y sus descendientes, personalmente o en grupo, buscaban cultivar su relación íntima con los espíritus de los ancestrales para vivir con sentido, no obstante la situación que les fue impuesta. Ellos no tenían más esperanza de volver a África geográficamente, pero traían en sus vidas la “África Ancestral”, espiritual y religiosa, para donde volverían después de la muerte. A su manera, buscaban mantener vivas sus raíces y su sentimiento de pertenencia, que el cautiverio y toda la situación de dolor y sufrimiento no pudieron tirar de sus vidas.

Como ya es sabido, todo este proceso esclavista era legitimado por “ideas religiosa y racistas que afirmaban la superioridad y los privilegios de la minoría blanca” (GARAEIS, V. H. Op. cit., p. 1.). Durante las conmemoraciones de los quinientos años de evangelización, este gran error fue recordado y reparado con gestos y pedidos de perdón hechos por la autoridad eclesiástica. Recientemente, las culturas afrodescendientes fueron reconocidas por la “expresividad corporal, o enraizamiento familiar y el sentido de Dios” (D. Ap, 56), que ha contribuido mucho para que el proceso evangelizador suceda de forma cada vez más dinámica y comprometida. El compromiso de muchos afrodescendientes en las diversas luchas sociales y sus justas reivindicaciones, no se opone a la fe, sino que la expresan de manera más concreta y coherente. Por eso es que tales características, propias de las culturas negras presentes en gran parte del mundo, encuentran amplia conformidad con la propuesta cristiana de vida digna para todos y todas. 


Original title: CARACTERÍSTICAS DAS CULTURAS RELIGIOSAS AFRICANAS TRANSPORTADAS PARA O BRASIL (Ndega.blogspot.com)

Author: Josuel dos Santos Boaventura PSDP

Theological review: Dr. Fr Luis Carlos Susin

Translation: Nómade de Dios

JOSUEL DOS SANTOS BOAVENTURA
  • JOSUEL DOS SANTOS BOAVENTURA Ministro de Culto Religioso
  • Sou um sacerdote catolico, membro do Instituto Pobres Servos da Divina Providencia. Minha área de pesquisa é Teologia e cultura

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